El jueves, 8 de septiembre llovía en Santander. Pensábamos, lloverá también en Santoña. Nos dijeron: “no, aquí hay niebla, pero no lluvia”. Pero a las dos de la tarde la niebla empezó a chispear agua, y agua, de tal modo que nos dijimos, al llegar: “¿Y cómo nos arreglaremos para distribuir la comida al aire libre?. Nos vamos a mojar”. Y así fue. Llegaban las personas a la pradera de la calle Rentería Reyes, con sus paraguas, con sus plásticos para no mojarse, con sus recipientes, con sus niños, y nos decíamos: “¿dónde nos metemos, en un puesto de venta?”. Lucía nos ofreció un cenador, carpa, que hizo que pudiésemos instalar debajo, las mesas, sacar la comida del coche para los 42 comensales, y empezar a ofrecerla. Era como un “Cantado bajo la lluvia”, pero con un nuevo título: “Comiendo bajo la lluvia, en Santoña”. Poco a poco fueron pasando las nubes y llegó la calma, y dejó de llover. Fue una experiencia que nos llevó a la imaginación, a buscar soluciones y a superar felizmente el momento.