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Elkartopatzen: acercando realidades
Elkartopatzen: acercando realidades
Elkartopatzen es un programa de voluntariado, impulsado por la Pastoral juvenil y vocacional de la Compañía de Jesús y ALBOAN, para propiciar el contacto con una realidad diferente, en clave de fe.
En la edición de este año un grupo de chicos y chicas de las Comunidades Arrupe de Pamplona, Donostia, Durango y Bilbao han tenido la oportunidad de convivir durante un mes con varias comunidades en Colombia, acogidas por Fe y Alegría.
Una de estas chicas, Jone Andrés, nos cuenta su experiencia
Nos piden que seamos hoy voz de Colombia
Jone Andrés
16 de julio de 2016 y allí estábamos los 12, en el aeropuerto de Loiu, con unas ganas inmensas de cruzar el océano para llegar a Colombia y adentrarnos en la aventura que tanto tiempo llevábamos esperando desde que comenzamos el proceso de Elkar topatzen. Recuerdo que estábamos nerviosos, pero ansiosos de descubrir un país que en un mes robaría más que un pedazo de cada uno de nuestros corazones. No sabíamos qué íbamos a encontrarnos allí, pero con plena confianza íbamos con los ojos y el corazón bien abierto, dispuestos a todo lo que fuera viniendo… y vino, ¡joder qué vino!
Somos los grandes afortunados por haber podido compartir vida durante un mes con las comunidades de Cali, Buenaventura, Barranquilla y Santa Marta. Comunidades que nos han abierto las puertas de sus colegios y nos han dado la oportunidad de colaborar con ellos, que nos han abierto las puertas de sus casas y nos han dado a conocer historias de lucha y de superación, que nos han dado lo poco que tenían… o mejor dicho, todo lo que tenían.
Nos han enseñado lo que es ser valiente en la vida, como es construir un hogar desde cero después de que te hayan arrebatado todo, incluso la dignidad. Nos han enseñado lo que es la generosidad, el respeto y el valor de lo que poseemos y cuando hablo de posesiones no hablo ni de ese móvil que me tiene enganchado y que me permite estar en contacto con mis amigos, o de esos estudios que me darán el futuro que llevo imaginándome desde el primer día que empecé a estudiar y que, se supone, me ayudarán a llegar a aquello que quiero ser. No. Rotundamente no.
Hablo de los derechos, de los derechos que todos deberíamos tener por el simple hecho de ser personas, de esos derechos que en aquellas comunidades y por diferentes razones, hoy, en el siglo XXI, todavía ni se han asomado. Hablo de la dignidad, de la dignidad que muchas mujeres pierden por los privilegios injustificados de los hombres.
Hablo de la fragilidad de los niños y niñas que, sin haberlo elegido, consideran la violencia como parte de su realidad puesto que no conocen un mundo exento de ella. Hablo de la vida, de la que allí, todavía, es arrebatada sin permiso y es por eso que sí, que la vida que se nos ha regalado nos pide algo a cambio.
Nos pide que hoy seamos voz de aquellas personas de Cali, Buenaventura, Barranquilla y Santa Marta. De todas aquellas personas con las que tuvimos la suerte de cruzarnos y que tienen tantas ganas de vivir, tantos sueños que lograr, tantas batallas que ganar y que son merecedoras de una vida digna, de una vida en paz.
Somos testigos de todo lo vivido y sentido y no necesitamos ni un segundo más para saber dónde está nuestro lugar en todo esto, o por lo menos, para saber por dónde empezar a encontrarlo. Desde luego que nos han dado la más grande de las lecciones, la lección de la vida. Esa lección que ellos la han descubierto a base de dolor y sacrificios y que nos la han transmitido con tanto valor.