Podremos vivir juntos

Nuestra vida es un continuo ir y venir, en el que recorremos y transitamos muchos caminos. Una de las grandes riquezas que vivimos en nuestro mundo es la diversidad. Una gran variedad de culturas, de acentos, de religiones, de alimentos, de interpretaciones de la realidad, etc. Una diversidad que a su vez plantea un reto a la convivencia, a la creación de identidad y a la construcción de una ciudadanía plural y abierta.

Ante la pregunta, ¿podremos vivir juntos?, en muchas ocasiones nos movemos entre dos extremos. Los que ven en lo diverso una amenaza, y la única solución para la convivencia en un refuerzo de la identidad nacional y de las fronteras; y aquellos que descubren en la diversidad una oportunidad para nuestras sociedades plurales, en las cuales el acento se centra en la acogida y la integración, sentando las bases de una verdadera cohesión social. 

Los últimos atentados en Barcelona y en diversas partes del mundo, la presión de refugiados y migrantes en nuestra frontera sur, la guerra en Siria, los conflictos en diversos barrios con alto grado de diversidad cultural de las grandes urbes del mundo, los continuos asesinatos de periodistas o políticos que defiende el estado de derecho y denuncian las injusticias, las maras y la violencia generalizada entre algunos colectivos... todas parecen señales de que no podemos vivir juntos. Y escudados en estas señales sembramos de miedo y de odio nuestros contextos más cercanos, jugando el mismo juego de la violencia y de cerrar filas, en lugar de preguntarnos por las causas, intentando revertirlas.  Además, una buena parte de la humanidad se siente descartada o poco preparada para vivir la diversidad e interactuar en este mundo en constante cambio.

Pero, aunque no salgan en los titulares de los periódicos hay personas que han revertido esta manera de comprender el mundo y la vida. En nuestro mundo hay muchos signos de esperanza, muchos más que de odio y violencia. Millones de padres y madres se levantan cada día buscando un futuro mejor para los suyos, millones de profesores, de educadores, buscan cómo generar una cultura crítica de la vida y de la realidad en sus alumnos, educando en el respeto y la diversidad, millones de médicos, policías, basureros, bomberos... intentan hacer de las ciudades, de los pueblos, espacios sanos, limpios, seguros donde convivir, encontrarnos y jugar en nuestras plazas...

¿Podremos vivir juntos? Muchos estamos convencidos de que sí. De hecho, ya lo venimos haciendo desde hace tiempo, pero tenemos que tomarnos en serio la diversidad, invirtiendo en revertir las causas que provocan estos grandes movimientos forzados de personas, pero sobre todo en integración y en cohesión social.

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