El Colegio Mayor Loyola y los jóve...

El sábado 18 de noviembre el Colegio Mayor Loyola recibió a un grupo de jóvenes inmigrantes del proyecto Baobab (Pueblos Unidos) para que pasaran la tarde, compartiendo su experiencia, jugando al fútbol con los colegiales y merendando juntos.

Empezamos la tarde escuchando a Tomasz sj, que nos presentó el proyecto, y luego más detenidamente, y con enorme interés, a David, uno de los jóvenes subsaharianos, quien, entre ritmos africanos y metiéndose en el bolsillo a la treintena de colegiales que le escuchaban, compartió su historia –que es la historia de la mayoría de ellos--, desde que salió de Camerún hasta su llegada a España en patera, después de atravesar media África.

Después del testimonio comenzó el I Torneo de Fútbol Sala Loyola-Baobab, en el que seis equipos con jugadores de uno y otro origen entremezclados disputaron varios encuentros con música de fondo, en un ambiente festivo. Y tras los partidos, un refrigerio en la cafetería para comentar la jugada o el gol y, quienes pudiesen, ver después juntos el derbi.

 

Esta acción es la primera de otras dos o tres que el Loyola y Pueblos Unidos vamos a realizar este curso, para establecer esta colaboración como una seña de identidad del Colegio Mayor, en un tipo diferente de voluntariado, enfocado a ofrecer actividades lúdicas y divertidas a los jóvenes subsaharianos de Baobab, y que permita a los colegiales acercarse a la realidad de los inmigrantes, escuchar sus historias, y compartir ocio e interrelacionarse con ellos de tú a tú.

Podremos vivir juntos

Nuestra vida es un continuo ir y venir, en el que recorremos y transitamos muchos caminos. Una de las grandes riquezas que vivimos en nuestro mundo es la diversidad. Una gran variedad de culturas, de acentos, de religiones, de alimentos, de interpretaciones de la realidad, etc. Una diversidad que a su vez plantea un reto a la convivencia, a la creación de identidad y a la construcción de una ciudadanía plural y abierta.

Ante la pregunta, ¿podremos vivir juntos?, en muchas ocasiones nos movemos entre dos extremos. Los que ven en lo diverso una amenaza, y la única solución para la convivencia en un refuerzo de la identidad nacional y de las fronteras; y aquellos que descubren en la diversidad una oportunidad para nuestras sociedades plurales, en las cuales el acento se centra en la acogida y la integración, sentando las bases de una verdadera cohesión social. 

Los últimos atentados en Barcelona y en diversas partes del mundo, la presión de refugiados y migrantes en nuestra frontera sur, la guerra en Siria, los conflictos en diversos barrios con alto grado de diversidad cultural de las grandes urbes del mundo, los continuos asesinatos de periodistas o políticos que defiende el estado de derecho y denuncian las injusticias, las maras y la violencia generalizada entre algunos colectivos... todas parecen señales de que no podemos vivir juntos. Y escudados en estas señales sembramos de miedo y de odio nuestros contextos más cercanos, jugando el mismo juego de la violencia y de cerrar filas, en lugar de preguntarnos por las causas, intentando revertirlas.  Además, una buena parte de la humanidad se siente descartada o poco preparada para vivir la diversidad e interactuar en este mundo en constante cambio.

Pero, aunque no salgan en los titulares de los periódicos hay personas que han revertido esta manera de comprender el mundo y la vida. En nuestro mundo hay muchos signos de esperanza, muchos más que de odio y violencia. Millones de padres y madres se levantan cada día buscando un futuro mejor para los suyos, millones de profesores, de educadores, buscan cómo generar una cultura crítica de la vida y de la realidad en sus alumnos, educando en el respeto y la diversidad, millones de médicos, policías, basureros, bomberos... intentan hacer de las ciudades, de los pueblos, espacios sanos, limpios, seguros donde convivir, encontrarnos y jugar en nuestras plazas...

¿Podremos vivir juntos? Muchos estamos convencidos de que sí. De hecho, ya lo venimos haciendo desde hace tiempo, pero tenemos que tomarnos en serio la diversidad, invirtiendo en revertir las causas que provocan estos grandes movimientos forzados de personas, pero sobre todo en integración y en cohesión social.

Descarga aquí el documento Podremos vivir juntos

 

La Compañía en la cumbre del Clim...

La Compañía de Jesús estará presente en la próxima Cumbre del Clima de la ONU (COP23), que se celebra en Bonn (Alemania), del 6 al 17 de noviembre.

Participará a través de una red de instituciones jesuitas, entre las que se incluyen algunas españolas como Alboan, la Universidad Pontificia Comillas, mediante la red ignaciana HEST --Higher Education for Social Transformation o Edujesuit, que aunque es una inicitaiva internacional está coordinada desde España por Entreculturas.

Más de 30 jesuitas y socios celebrarán eventos durante la cumbre impulsados por Ecojesuit. En la organización de los mismos participa el jesuita español Jaime Tatay. El evento principal de Ecojesuit será una conferencia-diálogo el 13 de noviembre titulada "Laudato Si '- El medio ambiente es la relación", organizado por el Aloisiuskolleg, una escuela jesuita de Bonn. Abierto a todos los delegados de la COP23, personal de ONG y miembros del público, el evento reunirá a ponentes de todo el mundo, incluidos Micronesia, América Latina, África Central y Filipinas. Los oradores reflejarán e intercambiarán sobre los desafíos en el cuidado de nuestro hogar común. Ese mismo día, Ecojesuit organizará una "Feria de Laudato Si" en la que representantes de diversas instituciones jesuitas, conferencias e iniciativas relacionadas con la ecología expondrán sus actividades. Otros eventos durante la COP23 incluyen una reunión del grupo de ecología de jesuitas en Europa. 

Se ha habilitado una página web especial para la ocasión en Ecojesuit, donde se irán subiendo noticias (en inglés, castellano y francés): http://cop23.ecojesuit.com. Aquellos interesados, pueden suscribirse a la newsletter diaria que se escribirá desde Bonn, explicando el desarrollo de la cumbre y ofreciendo un análisis de las intervenciones de organizaciones de Iglesia y de la Compañía. Link para suscribirse. También se puede seguir el evento en Twitter on Twitter using #EcojesuitCOP23

Crónica del curso “Fe y compromi...

Me levanto con las preguntas que ayer quedaron marcadas en mi cabeza: ¿Qué es exactamente lo que pide el mundo de mí? ¿Cómo hacemos para entendernos en este lenguaje de palabras tan limitadas? ¿Qué puedo aportar desde mi vida cotidiana? Al subir a la terraza encuentro al grupo reflexionando en torno a las Bienaventuranzas (Mt. 5). Siento que todas compartimos hoy estas Bienaventuranzas y tenemos razones para no rendirnos.

En la primera sesión de la mañana Junkal Guevara, profesora de teología de la Universidad de Granada nos habla de cómo la Biblia desde el primer libro del Génesis nos invita al compromiso, a ensuciarnos las manos con el mundo y sus problemáticas. Se trata de una implicación dentro de un sentido amplio de la palabra política, de todo lo que nos afecta como sociedad, como “polis”. 

Junkal nos acompaña por un recorrido desde los primeros capítulos del Génesis, donde Dios “sale de sí mismo” para poder crear  (Lo que me recuerda a la invitación que hacíamos ayer en el debate de la necesidad de dignidad humana desde las capacidades de cada persona para crear, para transformar el mundo, en un sentido más profundo del trabajo). La relación con las cosas creadas es, por tanto, de cuidado y amor. Dios a lo largo de la Biblia no se entiende sin la existencia de los seres humanos. En cuanto a los seres humanos, se nos dice que Dios los crea a su “imagen y semejanza” (Gen. 1, 27-30) lo que marca un paso crucial en la concepción antropológica del ser humano. El ser humano pasa de ser “esclavo” en los textos genealógicos de la época (como el Enuma Elish, teogonía sumeria), concebido para “servir a los dioses”, a ser una “estatua”, un permanente recuerdo de la presencia de Dios, como su colaborador y co-creador.  Tiene la responsabilidad de mantener la Vida y de producir los cambios necesarios para este fin. 

En cuanto a la comunidad humana, Junkal se centra en el capítulo dos del Génesis. El hombre y la mujer se crearon, según el mismo Génesis, a la vez y en igualdad. La “metáfora de la costilla” se utiliza para subrayar que Eva está hecha de la misma “materia” que Adán, son seres semejantes. Vamos descubriendo cómo se revela este Dios, que siempre se involucra en lo que sucede en la Tierra. Llegamos así al misterio de la Encarnación: Dios se hace uno de los nuestros, ha pasado por el dolor y nos llama “hermanos.” Jesús nos revela que podemos transformar y crear con Dios. La Biblia nos invita una y otra vez a participar de la tarea de crear el mundo, y por tanto en la política real transformadora. 

Tras el descanso Gonzalo Villagrán profesor de Teología de la Facultad de Teología de Granada que nos ayudó a dilucidar qué luces nos pueden aportar los textos de la doctrina social de la Iglesia para hacer hoy política.  Afirma Gonzalo que la mejor manera de comprender la doctrina social es a través del concepto de “tradición”, que se transmite de generación en generación; y que, al mismo tiempo se va reelaborando continuamente. La “doctrina social” acumula la reflexión de la Iglesia sobre la vida en sociedad. La tradición la debemos hacer nuestra. 

Gonzalo nos ayuda a recorrer cronológicamente los principales principios de la doctrina social. Vamos viendo como incorporan los Derechos Humanos en la Iglesia, la dignidad humana y que supone la participación política y aplicar el principio de la subsidiariedad, el pluralismo político,  partiendo de una humildad epistemológica en la que la Iglesia no sabe todo y necesita de todas las fuentes políticas para dialogar con la realidad. El cristiano en conciencia busca la mejor opción inspirado en la tradición de la doctrina social. Rescatamos el llamamiento a una relación recíproca entre fe y política (la fe debe escuchar a la política y viceversa, para no caer ni en el realismo político y tampoco en el fundamentalismo religioso) y terminamos con la llamada del papa Francisco que tiene como principio la mirada a los pobres y desclasados y también el diálogo social e interreligioso por la paz.

“Porque el mundo no es siempre un obstáculo para orar por el mundo. Si algunos deben abandonarlo para encontrarlo y alzarlo hacia el cielo, otros deben sumirse en él para alzarse, pero con él, al mismo cielo.” (Madeleine Delbrêl, la Alegría de creer)

Por la tarde hacemos un paseo meditativo por la ciudad de Málaga recorriendo diferentes espacios de la ciudad para ver los contrastes y dejarnos interpelar por la desigualdad. Intercalamos las visitas a los espacios con lecturas meditadas de textos que nos ayudan a profundizar en la realidad que vemos. Así comenzamos nuestro recorrido comenzando desde la vista panorámica del seminario diocesano, el santuario de la Victoria, el barrio de las Tres Cruces, un barrio popular donde la música y la vida en los patios nos devuelve a la realidad tras estos días de reflexión; paramos en la puerta del Centro de Internamiento de Extranjeros, donde reflexionamos sobre las denuncias que habido en ese centro de abusos y de malos tratos. A continuación pasamos por la calle comercial, el puerto y el proyecto de Caritas llamado “Calor y café” para las personas sin hogar más necesitadas de la ciudad que encuentran un lugar donde ser escuchadas y tratadas con dignidad. Unos amables voluntarios llamados Gustavo y Carmen se implican en explicarnos con todo lujo de detalles su labor a pesar del agobio que sienten porque quedan cinco minutos para que lleguen las primeras personas que utilizan “la casa”. Y esto sí es una casa, un auténtico templo donde descubrir a ese Dios encarnado que nos invitaban las bienaventuranzas a ver en este día, descubríamos de la mano de Junkal y Gonzalo en la teología y la tradición, pero que se hacía carne en personas como ellos que se implican día a día por hacer este mundo un poco más humano, un poco más parecido al Paraíso, al Reino.

Clara González-Garzón Finat.